16 ene. 2012

Las aventuras de la musa

Viñeta de Las aventuras de la musa

«Las aventuras de la musa» empezaron como una broma del día de los inocentes. Hacía tiempo que me preguntaba cómo sería una tira hecha completamente por la musa y el 28 de diciembre me pareció la fecha perfecta para hacerla. Me lo pasé pipa. La musa es libre, tiene claro lo que quiere y pelea por ello con todas sus armas. A algunos les gusta, a otros no: en mi caso, acostumbrado a cierta represión, siento envidia e incluso algo de miedo ante una expresión tan auténtica. Pero es que una musa sólo puede ser así: salvaje, caprichosa, urgente. La creatividad es un grito divino, una fuerza elemental que no se compromete con nada, un rayo que cae del cielo, un torrente que corre de la montaña al mar y ay del que se ponga en su camino. El trabajo del artista consiste en tratar de canalizar todo eso de alguna forma, y su riesgo es quemarse o ahogarse si trata de retener algo para sí.

Pero estábamos hablando de esta historieta. Fue muy divertido dejar que la musa pidiera abiertamente votos, faneos, hypes y todo clase de parabienes… y me chocó mucho la recepción que tuvo. Vamos, el que esa primera tira hecha a todo correr tuviera más éxito que cualquier otra tira anterior me hizo gracia y me mosqueó, todo al mismo tiempo. Pero no quería que mi orgullo de artista se interpusiera, así que dejé que continuara la historia. Porque me intrigaba mucho seguir con el experimento, y a los lectores también. Si no, es inexplicable algo como esto:


Portada de Subcultura del 31 de diciembre de 2011

Me pareció divertido el éxito que estaba teniendo la musa simplemente pidiéndolo, sin esperar a tener un guión o un dibujo decentes. Su éxito se basaba en todas las tiras previas, sí, pero pronto tomó un carácter propio:

  • Predominancia de las manchas de color sobre el dibujo. Yo soy de líneas, pero la musa no tiene límites.
  • Simplificación de las páginas: pocas o ninguna viñeta.
  • Improvisación de la historia.
  • Velocidad de publicación. Media de casi una página diaria frente a mi media de dos páginas semanales.

Me alegro de haber llegado hasta el final. La musa ha podido expresarse, ha tenido casi todo el éxito que quería y yo he sacado algunas conclusiones:

  1. Que lo más importante en un webcómic no es el dibujo ni la trama sino la narración, la fuerza de los personajes, la frecuencia de actualización y la interacción con los lectores.
  2. Que si uno quiere algo sólo tiene que pedirlo. Lo obtendrá o no, pero seguro que obtiene algo más que si no lo pide. En el caso del webcómic, uno puede pedir toda clase de premios, pero es cosa de los lectores concederlos o no.

Sobre todo me he reafirmado en que todo esto es para aprender y pasárselo bien. Si has podido hacerlo tú también, fantástico. Si no… hay otros webcómics. Este mismo: con la próxima página retomaremos la historia regular de El artista y la musa. Será como antes… pero no será igual. ¡Un abrazo a todos!


Esta nota en Subcultura tuvo un debate interesante en los comentarios.

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